La pintura del dolor
2020
Técnica Mixta sobre papel
46 × 62,5 cm
En esta obra, el rostro se convierte en un territorio donde la emoción toma forma física. La pintura roja —a medio camino entre pigmento y herida— cae y se adhiere como si revelara lo que normalmente permanece oculto.
Aquí el dolor no es un concepto abstracto: es materia, es peso, es rastro.
El artista se expone desde la vulnerabilidad más cruda, recordando que crear implica mancharse, abrirse y atravesar espacios que otros no se atreven a mirar.
La pintura del dolor es un recordatorio de que todo acto creativo nace de un lugar profundo, incómodo y auténtico: un lugar que, cuando sangra, también pinta.